El Sigamos de Cambiemos

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Por Karina García

El triunfo de Mauricio Macri en las elecciones presidenciales de 2015 presagiaba un cambio total en las políticas aplicadas por el kirchnerismo. Al fin y al cabo la gente vota con el bolsillo y, luego de la mayor bonanza por nuestros commodities en precios por las nubes de la década desperdiciada, aquella situación económica y social que posibilitó el triunfo de Cambiemos, ya no daba para más.

Sigamos

Cepo cambiario, reservas nulas, inflación creciente pese a las tarifas de servicios públicos congeladas, consecuente descapitalización de las empresas de tales servicios sin tarifa justa, falta de infraestructura en rutas, ferrocarriles y energía, festival de subsidios, al mismo tiempo presión tributaria y déficit fiscal altísimos, pobreza del 30% y en aumento, etc. hacían un cóctel explosivo.

El kirchnerismo había gastado todo lo que trajo el viento de cola y llegaba con el automóvil roto hasta la puerta del taller para entregarle las llaves al nuevo mecánico y que se arregle como pueda (en realidad se las dejó colgadas de la manija de la puerta porque la entrega de llaves la entendía como claudicación de un mal piloto).

Quienes lo votaron y también quienes no lo hicieron, esperaban que Macri y Cambiemos ajustaran “las tuercas” necesarias para que el coche volviera a andar y, especialmente los segundos, también esperaban que pagara los costos políticos que sean necesarios en la esperanza de volver después del desgaste que implicaría, aunque con las cuentas en orden y algo de caja para seguir gastando.

Pero esto es Argentina y en política los patriotas no sobran. A pocos les importaba qué pasaría con el país en 5, 10 o 20 años, sino cómo les iba a ir en las próximas encuestas y elecciones. El cortoplacismo de la argentinidad al palo.

A Macri le habían entregado la Ferrari chocada y no quiso gastar su capital en repararla. Terminó, como no podía ser de otra forma, perdiendo la Ferrari y gastando todo su capital en tenerla sin reparar.

Las políticas de shock sucumbieron ante un lento gradualismo que, al poco tiempo de andar, ya tenía agotados a todos y no podían hacer arrancar al país porque la economía requiere el acomodamiento simultáneo de distintas variables y no sólo la tarifaria.

Las tantas veces anunciadas inversiones no iban a llegar mientras se mantuviera esa situación y, además, ese gradualismo no era gratis. Se financiaba con deuda pública. Macri había leído a Machiavelo al revés cuando enseñaba a su príncipe que “el mal se hace todo junto y el bien se administra de a poco”.

Recientemente, en una nota, Patricia Bullrich lo reconoció parcialmente al decir “fuimos sigamos en vez de Cambiemos. En el área social nosotros dejamos las cosas como estaban”.

En realidad, fueron “Sigamos” en algunos aspectos más y por eso volvió a ganar las elecciones el kirchnerismo. A la larga los originales generalmente se imponen a las copias por más prolijas que estas sean.

José Luis Espert ha clasificado al Macrismo como un kirchnerismo de buenos modales y, en este sentido, los buenos modales no bastan cuando un país necesita cambiar su historial de fracasos al que lo llevaron siempre las mismas cosas.

La democracia es la mejor forma de gobierno, pero no porque de esa forma se gobierne mejor, sino porque es el pueblo el que elige su propio destino aunque sea el desastre.

Es tiempo de que como pueblo elijamos para nosotros y nuestros hijos un destino diferente. Ese destino que hace más de cien años era una realidad y luego perdimos caminando por las calles del país de nomeacuerdo.

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