La Educación de Adelantarse en la Fila

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La frase acuñada por el gran maestro argentino Domingo Sarmiento, en relación a que “todos los problemas son problemas de educación”, cobra más vigencia que nunca a raíz de recientes expresiones públicas de nuestro Señor Presidente de la República.


En un acto tan llamativo como innecesario en torno a la polémica por los vacunatorios VIP, textualmente expresó “Terminemos con la payasada. Yo le pido a los fiscales y a los jueces que hagan lo que deben. (…) No hay ningún tipo penal en Argentina que diga ‘será castigado el que vacune a otro que se adelantó en la fila”.

La cuestión educativa aquí tiene varios aspectos. Por un lado el de quienes decidieron vacunar a otros adelantándolos en la fila, y por otro el de quiénes aceptaron un adelantamiento en la fila para vacunarse. En este último caso hay una problema moral individual, si no es que también era funcionario público. Porque en éstos existe el deber de denunciar todo hecho irregular o delictivo que llegue a su conocimiento, como puede ser tal propuesta que sería una especie de soborno material u ofrecimiento de dádiva que, su aceptación en lugar de su denuncia, los haría reprochables ética y jurídicamente.

En cuanto al funcionario que dispone la vacunación adelantando a otros en la fila de prioridades, cualquier persona con un mínimo de información sabe que existe el delito de incumplimiento de los deberes de funcionario público y que ese sería, en principio, el delito cometido por estas personas, dado que el deber del funcionario es vacunar según las prioridades establecidas. Además está la posible malversación de quienes tengan determinadas responsabilidades superiores en la administración pública, como por ejemplo el señor Ministro.

Puede advertirse la gran razón de Sarmiento en cuanto a que este problema es de educación más allá de lo delictivo.

La ausencia de valores, la «avivada» y el país del amiguismo resultan un claro problema de educación porque la educación va más allá de la información de la que una persona disponga y de los idiomas que pudiere llegar a hablar. Se nutre de valores que resultan evidentes que en todo esto han faltado.

Pero lo más llamativo en torno al déficit de educación es la expresión del Señor Presidente Alberto Fernández. Por un lado se presenta como una grosería de falta de conocimiento que alguien que es profesor de derecho penal diga que no es delito que un funcionario público incumpla sus deberes de respetar el orden de prioridades establecido para la vacunación o malversar los caudales administrados. Falta que aumenta tratando de payasos a quienes sí cumplen sus deberes de funcionarios públicos investigando los posibles delitos cometidos.

Y el problema en cuestión llega al extremo de que lo padece quien detenta la primera magistratura de la Nación y, desde ese lugar, presiona a las estructuras de la República con todo lo que ello implica, pretendiendo interferir con la actividad de un poder judicial que debe ser independiente, entre otras cosas, de la falta de formación en valores del presidente de los argentinos.

En una democracia, el camino distinto al sinuoso sendero por el que transita nuestro actual presidente depende de la gente, depende de nosotros.

Nosotros podemos elegir algo distinto, algo con lo que alguna vez luchó Sarmiento y su generación, que puso al país entre las grandes potencias de la tierra.

La oportunidad existe.

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