Las Concesiones del Príncipe

Opinión

Si bien nuestra Constitución Nacional establece que nadie puede ser obligado a hacer lo que no manda la ley, ni privado de lo que ella no prohíbe; la semana que pasó nuestro Jefe de Gabinete dijo que las provincias y los particulares también podían salir a comprar vacunas.

Esta expresión, lejos de ser una manifestación de vocación a favor de la libre empresa a la que, sabemos, la tercera generación de Cafieros también es poco afecta, no alberga más idea que compartir culpas del desastroso proceso de monopolización que el Estado Nacional ha hecho en cuanto a la obtención, distribución y aplicación de la vacuna.

Así, los dichos de Cafiero son una suerte de espetarle a quien esgrima cualquier crítica al respecto un “lo hubieran hecho ustedes”. Claro que la responsabilidad, el control y los recursos del pueblo los tenía el Gobierno, es decir él.

Permítanme aquí una digresión y aprovechar desde esta columna para enviarle un saludo afectuoso a Purita Díaz.

Como fuere, dada esa graciosa concesión del príncipe, algunos jefes de gobierno locales anunciaron que saldrían a buscar vacunas, entre ellos Rodriguez Larreta, Perotti y Schiaretti.

Eso si, arrancaron un poquito tarde ya que ninguno de sus múltiples asesores y secretarias técnicas legales, que tanto dinero nos cuestan a los que pagamos nuestros impuestos, les informó que lo podían haber hecho desde siempre.

Si en algún momento desean reducir el gasto público, podrían empezar por despedir a esos abogados burros que, evidentemente, desde una nota periodística, les tiene que decir qué es lo que dice la ley un jefe de Gabinete que es licenciado en Ciencia Política.

La carrera se largó hace un año y estos muchachos se ponen las zapatillas recién ahora, cuando el gobierno de científicos reconoce su ineptitud para conseguir vacunas y aplicarlas con parámetros de racionalidad y buena fe.

¿Qué podemos esperar?.

Realmente es difícil de precisar ya que, todavía, algunos no hemos perdido nuestra capacidad de asombro.

Sin embargo, a todo evento, mientras los argentinos seguimos cumpliendo nuestra condena al éxito, no puedo menos que aconsejar seguir teniendo alcohol en gel y el barbijo limpio.

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