Los Fabricantes de Pobreza

Opinión

Ni el tamaño de los países, ni su variedad de recursos naturales y la importancia en cantidad y valor de estos determinan la pobreza de sus pueblos aunque, por lógica, los recursos naturales que posea pueden erigirse en motores potentes de su desarrollo si se los aprovecha debidamente (energía, minería, tierra fértil, etc.).

Así, por un lado, hay países pequeños en tamaño y con escasos recursos naturales cuyos pueblos son ricos, como por ejemplo Japón o Suiza. Y también países grandes con importantes recursos naturales pero con pueblos pobres, como Venezuela y Argentina.

La explicación de la pobreza entonces no puede encontrarse en la cantidad de bienes con que los dotara la naturaleza, sino en otra cosa. Básicamente radica en su clase dirigente y, en especial, en su dirigencia política.

De allí que la pobreza de los países se encuentre en relación directamente proporcional a la pobreza intelectual de esa clase dirigente que, en nuestro país, destruye todo lo que toca.

Si podemos acordar en este punto entonces quedaría perfectamente en claro que, en Argentina, sólo puede funcionar un sistema económico y político de corte liberal. No ya por una cuestión ideológica sino por una necesidad de supervivencia debido a la pobreza intelectual de nuestra clase dirigente.

Ello porque está bastante claro que durante décadas nos han venido gobernando una sucesión de inútiles que, desde el Estado, manejaban los distintos resortes de la economía y decidían quiénes ganaban y quiénes perdían.

Pero como eran inútiles decidían muy mal, ruinosamente y eso, por más extensos recursos naturales que tengamos, generó destrucción de la producción y del empleo. Pero además, por sus nefastos servicios se llevaban una tajada importante vía retornos de aquellos a quienes decidían hacer ganar (corrupción). De esta forma el perjuicio era doble y terminamos como no podía ser de otra manera, arruinados.

Si embargo, si el Estado no se hubiera metido a decidir quién gana y quién pierde en la economía y las fuerzas del mercado hubieran podido actuar libremente o, al menos, con mayor libertad, tendríamos crecimiento, empleo y un indudable bienestar ya que una gran cantidad de recursos, entre ellos los que se llevó la corrupción, se hubieran volcado a la inversión. Y es sólo la inversión lo que genera crecimiento y empleo.

Por eso, dada la cantidad de inútiles que nos han gobernado y la gran cantidad de inútiles que los han seguido y que forman parte de nuestra dirigencia política actual, deberíamos también poder acordar en el siguiente punto: “más allá de las ideologías que pudimos haber suscrito alguna vez, la única salida al desastre económico que venimos sufriendo es votar en defensa propia a auténticos liberales porque, a nuestro querido país para salir adelante y volver a crecer, le basta con que los inútiles de siempre no le hagan más daño”. Pensémoslo juntos!!

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