Los Parias del Mundo

Opinión

La Academia de la Lengua Española explica que la expresión «paria» designa a la persona excluida de las ventajas de que gozan las demás, e incluso de su trato, por ser considerada inferior.

Nadie en su sano juicio quiere encontrarse en esa categoría en ninguna parte del mundo. Pero esto es Argentina.

En nuestro país, de la misma manera que hace casi dos décadas, con un aplauso cerrado en el Congreso de la Nación, un presidente legal anunció que no pagaría la deuda contraída por el Estado; hoy el gobierno se enorgullece de decirle al mundo que está equivocado, que no queremos ser como ellos y pretexta que hacerlo es ir en contra del interés de la patria.

Algunas cosas hemos aprendido los argentinos y ya no se escucha aquél tipo de aplausos.

No estamos hablando del mundo desarrollado del hemisferio norte. Estamos hablando del mundo vecino, de nuestros hermanos latinoamericanos con los que, históricamente, estos mismos gobernantes se han rasgado las vestiduras de un destino común.

Brasil, Uruguay y Paraguay nos miran atónitos ante los dichos de nuestro actual presidente que insiste en la cultura de la pobreza, es decir en cultivar pobres para que cada vez tengamos más.

Las tesis conspirativas opositoras plantean que el “pobrismo” que se practica desde el gobierno resulta una estrategia para mantener el poder si la mayoría del país -obviamente pobre- depende de la asistencia del Estado.

Por mi parte creo que, más que en una estrategia maléfica, se trata de la estupidez propia de la falta de ideas para cambiar el curso de la historia por parte de gobernantes que se encuentran por debajo del nivel intelectual de sus votantes y dominados por una miserabilidad antipatriótica.

Incapaces de pensar un poco más allá de lo que tienen frente a la nariz, se aferran al lento y constante hundimiento del país antes que intentar dar un salto cualitativo que lo impulse a un horizonte distinto.

Lacalle Pou, Bolsonaro y Benítez quieren flexibilizar al Mercosur. Es decir Uruguay, Brasil y Paraguay quieren hacer acuerdos de manera individual con terceros países sin la necesidad del aval unánime de los otros socios del bloque regional, pero las condiciones actuales del Mercosur se lo impiden en una suerte de corset que, en cierta medida, es una lastre para sus economías. Es lógico querer abrirse al mundo para impulsarlas aún más y, en todo caso, el debate debiera ser en base a argumentos.

Sin embargo nuestro presidente aboga a favor de quienes quieren seguir cazando en el zoológico para que el pueblo pague productos caros y de mala calidad y, como no puede justificar esto, se enoja y agrede, ya que los argumentos y los datos no los ayudan. En esta tesitura, frente a lógicos pedidos de esos Estados, nuestro presidente, en vez de negociar y buscar consensos, respondió con kirchnerismo explícito e invitó a los disconformes a abandonar el
Mercosur. “Si nos hemos convertido en una carga, lo lamento. No queríamos ser una carga para nadie. Una carga es algo que hace que a uno lo tiren de un barco y lo más fácil es bajarse del barco si la carga pesa mucho”, dijo.

La miopía de la posición de nuestro presidente es que si esa bravuconada tiene asiento, nos quedamos solos.

Nuestro sistema educativo público, al menos, debería haber servido para enseñarle a sumar y restar, ya que si de 4 se van 3, el que se queda es uno sólo.

Nuestros socios del Mercosur no tienen inflación, sus economías crecen desde hace décadas y sus pueblos exigen ir por más. Sólo Argentina con el kirchnerismo apuesta a ser menos, ser un paria del mundo que avanza.

Estamos al borde de caernos del mapa y el gobierno se encuentra decidido a avanzar para que el país entero ingrese a esa categoría y no sólo desde lo económico. Esta semana que pasó, con la salida del grupo de Lima, también decididamente nos salimos de aquellas naciones que defienden los derechos humanos en el mundo.

Para muestra en nuestro propio terruño tenemos al señor Insfrán como el ejemplo de gobernador que esgrime nuestro actual presidente.

Obviamente no podemos esperar que esta clase gobernantes salve a la nación y solo queda que nuestro propio pueblo decida salvarse a sí mismo.

Este es un buen año para comenzar a hacerlo.

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